domingo, 17 de marzo de 2013

Que viva el otoño (o acerca de cómo finalmente se terminó el verano)

El 21 de marzo es el día más especial del año, que navidad, ni año nuevo, ni mi cumpleaños. El día que empieza el otoño es el acontecimiento más relevante e importante en mi vida y en la de aquellos sabios que acuerdan conmigo.
Mis amigas me preguntan ¿pero cómo te va a gustar el frío? y yo les respondo ¡pero como no te gusta el frío?. Hay algo sádico en pensar que 30 grados de calor te hacen sentir bien. Me parece retorcido creer que la felicidad pasa por dormir con ventilador, que te piquen los mosquitos o el sudor corriendo por el bozo. Ni hablar del pantalón pegado a la silla, de los días que se no da abasto el aire acondicionado y de los cortes de luz.
Ahora, ¡por qué amigarse con el frío? Simplemente porque el frío es lo más grande que hay. En mi vitrina de ídolos está mi mamá, Givenchy y el solsticio de invierno.
El frío es lo más grande que hay porque te podés abrigar poniendote 7 frazadas encima y sentirte la persona más felíz del mundo. ¿Más razones? por las bolsitas de agua caliente, el té con jengibre, las pantuflas, las medias de lana y las camperas con peluche adentro.
¿Todavía no te convenciste? Por la sopa, las duchas super calientes, hacer cucharita, el asiento del fondo del colectivo y la posibilidad de estar un poco más cerca de disfrutar cuando el subte está lleno.
El otoño es mi estación favorita del año, es cuando todo empieza y cuando vuelvo a la vida. Bueno...tampoco para tanto.


Josefina.

Ilustración: Josefina Schargorodsky

miércoles, 6 de marzo de 2013

Isabel Knowles, la moda que no vemos

¡Ay, internet! Cuánto nos das y cuánto nos quitas. Esa fantástica posibilidad que nos proporcionas de conocer cosas nuevas, de comunicarnos con gente al otro lado del globo y de escuchar disertantes en China a un solo click. Pero a veces, intenet, te quedás un poco atrás. Me pregunto: ¿por qué a algunos tanto y a otros tan poco?
Este es el caso de Isabel Knowles, una diseñadora de moda inglesa radicada en Devon. Isabel es joven, divertida, ecologista y desordenada. Su marca IKNOW desparrama colecciones con una impronta vintage muy marcada, estampados avasallantes y exclusivamente tejidos orgánicos. Su filosofía: handmade. Trabaja desde su pequeño taller con vista al bosque. ¿A quien no le gustaría que sus vestidos provengan de ahí?
Sin embargo, Isabel está lejos de Paris fashion week o Bread and Butter, quizás si algún día descubren que es prima lejana de Beyonce la invitan, pero por ahora su territorio es Etsy.
Llegué a Isabel a través de un blog que tiene de amiga a este otro blog que entre todos los “outfits of the day” un día se puso un vestido de IKNOW. Después de estas escalas, finalmente aterricé en el blog de Isabel y descubrí dos cosas: una personalidad increible y mi próximo color de pelo. En su blog muestra su proceso de diseño, escenas de la vida cotidiana y está más que abierta a las sugerencias.
Entonces siento el deber de invitarlos a que conozcan estas pequeñas marcas, emprendimientos y rincones del internet no explorados, no solo encontraran más cosas que comprar, sino también posibles amigos.
A Isabel y todos los diseñadores extraviados en la vorágine del internet les digo: hang in there, algún día una bloguera re copada los va a difundir o google nos empezará a regalar adds por insistencia.
A vos te digo: dale una vuelta de tuerca a google y gánale la carrera al internet, que detrás de todas esas publicidades, se esconden los talentos. Y si un día se hacen super populares, vas a poder decir “yo lo conocía desde antes que se haga famoso”.

(una imagen del estudio de Isabel en Devon)



Josefina

lunes, 4 de marzo de 2013

Acerca de por qué ya no me pinto las uñas

Primero quiero aclarar, esto no es un proceso de masculinización. Sí, es verdad que me corté el pelo como Araceli en los 90 y que me compré dos remeras negras (el solo hecho de que sean remeras ya es extraño y encima ¡negras! uff que darkie que estoy).
Pero lo de las uñas es distinto. Hace aproximadamente un año había leído a una blogger (si tuviera la posibilidad de volver a encontrarla la linkearía) que decía que no se pintaba las uñas porque le parecía un desperdicio de tiempo. Su ponencia estaba basada en el hecho de que el esmalte rápidamente “se cacha” diríamos en sanpedrino. Pero se entiende como ese fenómeno por el que toda mujer coqueta que se respete se siente atemorizada; el momento en que se te desprende un pedacito de esmalte. A vos te pasó, a mi me pasó, hasta a mi prima kosher in the middle of the dessert le pasó.
Entonces, a menos que tengas los recursos para ir a la manicura una vez por semana -o la edad, porque es un comportamiento muy post 35- Te toca adentrarte y especializarte en la ardua tarea de hacerte la manicura vos misma. Bueno “manicura” porque chicas, honestly, limarse un poquito las uñas y pasarte 2 capitas de esmalte y una de fijador no se compara a la china que te sienta en un sillón y le dedica 35 minutos a tus uñas, una por una, mientras sus manos quedan manchadas con el esmalte de cada clienta que tuvo en el día. Ni hablar si sos como las mías que depositan sus frustraciones artísticas en el pequeño lienzo de 15 milímetros que es la uña y quieren hacer todos y cada uno de los tutoriales que vieron esa semana.
Así que, ya en mis últimos tiempos de pintarme las uñas (allá por diciembre), tomé una decisión: si no voy a tener tiempo para arreglármelas, no me las pinto. Lamentablemente esa filosofía se acomodó más que bien a mi estilo de vida. Hoy hace un mes que no me pinto las uñas y la verdad tengo sentimientos encontrados. Por un lado estoy aliviada de no tener que encontrarme en la situación en la que me veo las uñas hechas un desastre y no poder arreglarlas para después (cuando llego a mi casa) olvidarme de hacerlo y asi over and over again. Por otro lado, lo extraño, añoro esa felicidad que me daba pintarme las uñas de colores, que me salga ese tutorial de rayitas que venía practicando todos los sábados del mes y el frenesí de comprarme un esmalte nuevo.
Por eso recomiendo, no seas vaga como yo y sigue pintandote las uñas. Yo las deje de lado, se ofendieron conmigo y ahora no sé cuándo las voy a recuperar.


(este es uno de mis últimos intentos exitosos de realizar un tutorial)
Josefinen