domingo, 17 de marzo de 2013

Que viva el otoño (o acerca de cómo finalmente se terminó el verano)

El 21 de marzo es el día más especial del año, que navidad, ni año nuevo, ni mi cumpleaños. El día que empieza el otoño es el acontecimiento más relevante e importante en mi vida y en la de aquellos sabios que acuerdan conmigo.
Mis amigas me preguntan ¿pero cómo te va a gustar el frío? y yo les respondo ¡pero como no te gusta el frío?. Hay algo sádico en pensar que 30 grados de calor te hacen sentir bien. Me parece retorcido creer que la felicidad pasa por dormir con ventilador, que te piquen los mosquitos o el sudor corriendo por el bozo. Ni hablar del pantalón pegado a la silla, de los días que se no da abasto el aire acondicionado y de los cortes de luz.
Ahora, ¡por qué amigarse con el frío? Simplemente porque el frío es lo más grande que hay. En mi vitrina de ídolos está mi mamá, Givenchy y el solsticio de invierno.
El frío es lo más grande que hay porque te podés abrigar poniendote 7 frazadas encima y sentirte la persona más felíz del mundo. ¿Más razones? por las bolsitas de agua caliente, el té con jengibre, las pantuflas, las medias de lana y las camperas con peluche adentro.
¿Todavía no te convenciste? Por la sopa, las duchas super calientes, hacer cucharita, el asiento del fondo del colectivo y la posibilidad de estar un poco más cerca de disfrutar cuando el subte está lleno.
El otoño es mi estación favorita del año, es cuando todo empieza y cuando vuelvo a la vida. Bueno...tampoco para tanto.


Josefina.

Ilustración: Josefina Schargorodsky

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