Primero quiero aclarar, esto no es un proceso de masculinización. Sí, es verdad que me corté el pelo como Araceli en los 90 y que me compré dos remeras negras (el solo hecho de que sean remeras ya es extraño y encima ¡negras! uff que darkie que estoy).
Pero lo de las uñas es distinto. Hace aproximadamente un año había leído a una blogger (si tuviera la posibilidad de volver a encontrarla la linkearía) que decía que no se pintaba las uñas porque le parecía un desperdicio de tiempo. Su ponencia estaba basada en el hecho de que el esmalte rápidamente “se cacha” diríamos en sanpedrino. Pero se entiende como ese fenómeno por el que toda mujer coqueta que se respete se siente atemorizada; el momento en que se te desprende un pedacito de esmalte. A vos te pasó, a mi me pasó, hasta a mi prima kosher in the middle of the dessert le pasó.
Entonces, a menos que tengas los recursos para ir a la manicura una vez por semana -o la edad, porque es un comportamiento muy post 35- Te toca adentrarte y especializarte en la ardua tarea de hacerte la manicura vos misma. Bueno “manicura” porque chicas, honestly, limarse un poquito las uñas y pasarte 2 capitas de esmalte y una de fijador no se compara a la china que te sienta en un sillón y le dedica 35 minutos a tus uñas, una por una, mientras sus manos quedan manchadas con el esmalte de cada clienta que tuvo en el día. Ni hablar si sos como las mías que depositan sus frustraciones artísticas en el pequeño lienzo de 15 milímetros que es la uña y quieren hacer todos y cada uno de los tutoriales que vieron esa semana.
Así que, ya en mis últimos tiempos de pintarme las uñas (allá por diciembre), tomé una decisión: si no voy a tener tiempo para arreglármelas, no me las pinto. Lamentablemente esa filosofía se acomodó más que bien a mi estilo de vida. Hoy hace un mes que no me pinto las uñas y la verdad tengo sentimientos encontrados. Por un lado estoy aliviada de no tener que encontrarme en la situación en la que me veo las uñas hechas un desastre y no poder arreglarlas para después (cuando llego a mi casa) olvidarme de hacerlo y asi over and over again. Por otro lado, lo extraño, añoro esa felicidad que me daba pintarme las uñas de colores, que me salga ese tutorial de rayitas que venía practicando todos los sábados del mes y el frenesí de comprarme un esmalte nuevo.
Por eso recomiendo, no seas vaga como yo y sigue pintandote las uñas. Yo las deje de lado, se ofendieron conmigo y ahora no sé cuándo las voy a recuperar.
Josefinen
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